jueves, junio 09, 2005

AGUA DE BEBER


Agua de beber
Agua de beber camará
Agua de beber
Agua de beber camará…

1965, sonaba en el tocadiscos Antônio Carlos Jobim y Astrud Gilberto, mientras Pancho y su camarada Manuel, junto a una botella recién abierta de Cabernet Sauvignon, cuya viña me reservo, conversaban en el living. El bossa nova estaba, y estuvo siempre sonando en la casa de Ñuñoa… un infaltable, al igual que el buen vino.

“¡Agua de beber, camarada!”… ¡salud!

Agua, vital elemento…
Para este par de “tinteros” el vino era, sin lugar a dudas, el vital elemento. Y esa tarde en particular, el elemento en cuestión tenía un sabor especial. No sé si su condición de Cabernet en particular, mezclado con Jobim & Gilberto de fondo, o simplemente “el ingrediente sorpresa” de esa botella, hacían que ese vino pareciera, por unanimidad, el mejor Cabernet Sauvignon que tomaban desde hacía muchos años.

¡¿Una laucha?!
Sí, una laucha, seguramente borracha, y fosilizada flotaba dentro de la botella. No la vieron…

¡Agua de beber, pa’ dentro no más, con lauchita y todo!
Decidieron tomarse y disfrutar el vino, y después resolver qué harían con la laucha y la botella. Hablaron de las mil y una formas en que la que la laucha pudo haber entrado a la botella, si se durmió y se ahogó, ó si se emborrachó y después se ahogó…
En fin, envidiaron la elegante y etílica muerte del roedor…
¡Quién fuera laucha!

Cuando pasó la efusión del momento, y dentro de la botella sólo quedaba el fósil envidiado, pasaron casi toda la noche pensando qué hacer al respecto. Por ejemplo guardar la botella como un tesoro para jactarse así del único Cabernet Sauvignon “enlauchado”, probablemente, de la historia.

Sin llegar a acuerdo alguno, Pancho guardó la botella. Sin embargo a los dos días fue requisada… ¿Qué importa perder una botella de Cabernet Sauvignon con un fósil dentro si su precio se traduce a 300 BOTELLAS DE VINO?

Sí, porque debido a la gestión del camarada Manuel, quién llamó a los involucrados de la viña para “comentarles” el incidente (los que llegaron al lugar del suceso raudamente reclamando la evidencia), mi abuelo fue abastecido con las 300 botellas ya mencionadas de todo tipo de vinos… a cambio de una sola.

Agua de beber
Agua de beber camará…
Seguía cantando mi abuelo, mientras ordenaba en un mueble especialmente habilitado el “vital elemento” que le llegó de un paraguazo, y que le duraría un par de años.

Este acontecimiento relatado un sin fin de veces por sus protagonistas, sigue siendo narrado… -“¿Cómo no vas a probar este Cabernet Sauvignon, que hace muchísimo tiempo atrás tenía otro sabor? Ni te vas a imaginar lo que encontramos una vez…”-Mi abuelo se vuelve a embalar, como siempre, mientras rápidamente se me tiñe la boca con el Cabernet… no lo puedo evitar… ¡está en mi ADN!